Una campana de bioseguridad es un dispositivo diseñado para proporcionar un entorno de trabajo seguro para manipular materiales contaminantes, como agentes patógenos o compuestos químicos peligrosos, en entornos de laboratorio. Funciona mediante un sistema de flujo de aire controlado que protege al usuario y al entorno de posibles contaminaciones.
Las campanas de bioseguridad se clasifican generalmente en tres tipos principales: Clase I, Clase II y Clase III.
- Las campanas de Clase I ofrecen protección al usuario y al entorno mediante un flujo de aire frontal que es extraído y filtrado antes de ser liberado al exterior del laboratorio. Estas campanas son adecuadas para manipulaciones con riesgos biológicos y químicos bajos.
- Las campanas de Clase II, por otro lado, proporcionan una mayor protección, con un flujo de aire laminar que protege al usuario y al material dentro de la campana. Además, cuentan con filtros HEPA (High Efficiency Particulate Air) que eliminan partículas contaminantes del aire. Estas campanas se subdividen en tipos A1, A2, B1 y B2, cada uno con características específicas de protección y aplicaciones recomendadas.
- Por último, las campanas de Clase III son las más seguras, proporcionando un ambiente totalmente cerrado y hermético para el usuario, que opera a través de guantes y visores especiales. Estas campanas se utilizan principalmente en entornos de contención máxima, como en el manejo de agentes biológicos de alto riesgo.
En términos generales, el funcionamiento de una campana de bioseguridad implica la captura y filtración del aire contaminado dentro de la campana, asegurando que los agentes patógenos o químicos peligrosos no se escapen al entorno del laboratorio y que el usuario esté protegido de posibles exposiciones. Además, el flujo de aire controlado dentro de la campana también evita la contaminación cruzada entre muestras y garantiza la integridad de los experimentos realizados dentro de ella.